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domingo, 31 de mayo de 2009

Barrio Chino en Buenos Aires


Entre la intersección de las calles Juramento y Arribeños en el barrio de Belgrano, comienza el barrio Chino de Buenos Aires que recibe 15.000 visitantes por fin de semana.

Sólo son tres cuadras hasta la calle Mendoza donde la influencia oriental se va diluyendo. Alrededor de la década de los años 80', los primeros en asentarse en la zona fueron los taiwaneses, luego llegaron los chinos, los coreanos y los japoneses.

En Chinatown se pueden degustar comidas típicas como: chow Fan, chop Suey, garras de gallinas o de pollo, algas, pescados disecados y dulces entre la gran variedad de productos. La peculiaridad del lugar es que algunos negocios de ropa abren sus puertas para vender comida china.

Además tiene variedad de almacenes especializados, y una gran oferta de restaurantes. El conocido restaurant Todos Contentos ofrece menués económicos; o el restaurant Lai Lai provisto de una exótica ambientación, otra opción es el restaurant Buddhaba, el cual tienen una lujosa ambientación , con una gran figura de Buda en la entrada del local para disfrutar de platos exquisitos, o un rico té de menta, jazmín o cardamomo.


En Algunos de estos lugares se puede tener la sensación que el personal no es del todo cortés con el cliente, ni tiene mucho diálogo sobre todo en lo que hace a la explicación de los platos. Esto debido simplemente a la dificultad del personal con el idioma.

En los supermercados de la zona, descubrirá productos exóticos para las costumbres occidentales: desde surtidas especias, vino de arroz, salsa de soja, tés que van desde los 4 pesos a 40 pesos (los importados), etc. También hay locales de ropa, artesanías, hasta existen negocios de manga y animé (historietas y videos japoneses).

Lo curioso son las peluquerías del barrio, ya que si desea hacerse brushing o un corte de pelo pregunté antes de hacerlo,porque los carteles de los precios que ostentan las vidrieras están en idioma chino.

Son sólo tres cuadras hasta la calle Mendoza donde la influencia oriental se va diluyendo. En la calle Mendoza 1660, se encuentra el instituto cultural de idiomas de la Iglesia Presbiteriana Evangélica Sin-Heng, mientras que para los amantes de la meditación es imperdible pasar por Montañeses 2175 donde esta situado el Templo Budista Chong Kuan. El templo puede ser visitado por el público los viernes por la tarde y los domingos, siempre con la prevención de dejar los zapatos en una antesala según obliga la tradición.

Por cierto, estas culturas milenarias no escapan a las supersticiones y sobre todo al Feng Shui. Es por eso, que en cada negocio conseguirá: estatuas de los dioses Kwan Yin (diosa de la fecundidad), Hu Ye (espírtu guardán) , Kuan Yu (dios de la riqueza),dragones, leones, monedas ; locales que ofrecen medicina china, en definitiva, todos lo objetos para mejorar su energía.

Desde algunos años, el barrio Chino fue tomando color y se convirtió sin duda en un lugar con una gran oferta gastronómica y cultural.



Carla Caputo

lunes, 20 de abril de 2009

Tradiciones Importadas


San Valentín, San Patricio, Halloween y el Año Nuevo Chino, son algunos de los ejemplos que confirman que los porteños somos fanáticos de las fiestas extranjeras.

Con nuestra propia versión local, sin preguntarnos mucho por el origen de las celebraciones, nos disponemos a aprovechar al máximo estas celebraciones foráneas.

El 14 de febrero, el día de los enamorados, nos contagiamos de entusiasmo al ver las vidrieras de Buenos Aires pintadas de rojo pasión, donde abundan los globos, las flores, las cajas de bombones con forma de corazón. Sin contar, los innumerables emails con frases románticas nos invaden en nuestro correo.

En su día, las parejas suelen salir a cenar y agasajarse con regalos. Los restaurantes y hoteles ofrecen “paquetes especiales” que se agotan semanas antes. Y, los floristas venden más ramos en este día que en todo un año. Se podría decir que, una vez al año, todo se torna “color de rosas”.

De manera mucho menos sentimental y delicada, conmemoramos el día de
San Patricio.
El 17 de marzo, la ciudad se vuelve color verde: cualquier detalle en los bares o boliches nos hace recordar que día es. Jóvenes y no tanto, con las caras pintadas, con sombreros de duende o simplemente con alguna insignia de Irlanda, se concentran, después del atardecer, en los bares del microcentro porteño para beber litros y litros de cerveza.

Menos popular, pero mucho más curiosa, es la celebración cada verano, en el barrio de Belgrano, del Año Nuevo Chino. Tipografía china, hombres y mujeres de ojos rasgados bailando al ritmo de tambores y platillos, aroma a chop suey, ruido petardos y, un gran títere con forma de dragón que recorre las calles, nos hace tener la sensación de estar en otro país.

Adoptada por chicos y grandes, Halloween, es una fiesta que los argentinos celebramos “puertas adentro”, ya sea en alguna casa o en algún pub donde todos concurren disfrazados.

Los más pequeños, esta vez, no pierden la oportunidad de disfrutar el 31 de octubre. Si bien, no salen a golpear puertas como en los Estados Unidos preguntando “¿dulce o truco?”, aprovechan para vestirse como monstruos, brujas, o como su súper héroe favorito y se reúnen en la casa de algún amigo a ver películas de terror y comer golosinas.

Como consecuencia de la globalización, las costumbres extranjeras tienen cada vez mayor difusión. A tal punto, que a los argentinos se nos hace difícil resistirnos a la tentación de divertirnos con los preparativos y el festejo de estas tradiciones ajenas.


Agustina Ignatiuk